Displaced journalists must adapt to new culture, language, climate, and even a different color of the sky, says Luz Mely Reyes of Venezuela


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Luz Mely Reyes’ investigation “Te tienes que ir” (You have to go), focuses on the situation of Venezuelan journalists who have been forcibly displaced and have lived in the United States since 2015. (Photo: Patricia Lim/Knight Center)

“Exile is like getting divorced while still in love,” said Luz Mely Reyes, Venezuelan journalist and director and co-founder of the digital media outlet Efecto Cocuyo, during the opening keynote session of the 18th Ibero-American Colloquium on Digital Journalism.

Reyes said this phrase quoting Venezuelan journalist Cesar Miguel Rondón, who was part of her investigation “Te tienes que ir” (You have to go), which focused on the situation of Venezuelan journalists who have been forcibly displaced and have lived in the United States since 2015.

For this report, Reyes interviewed 10 journalists: six women and four men, ranging in age from 30 to 70. All worked in Venezuelan print media, radio, television or digital media.

Some have continued to practice their profession, while others have had to take on other jobs outside of communications to survive. However, all agree that their flight from Venezuela is due to restrictions on journalism in the country, violations of freedom of expression and violations of the right to information.

Some left due to lawsuits, others due to revocation of their passports, persecution or physical threats.

“Sometimes people think journalists move around just because they feel like it,” Reyes said. “No, these journalists, and many other journalists, don’t leave our countries because we want to. We leave because they tell us, ‘You have to go.’”

Although it has been difficult for her to accept, Reyes is also one of the more than 7.8 million Venezuelans living outside the country, the second largest displacement in the world.

And the last 26 years in Venezuela, she said, have been the script used by authoritarians around the globe to corner independent journalism.

“Between 2015 and 2016, there was a movement in Venezuela that we call the spring of digital media. It was beautiful,” said Reyes, referring to the boom in the creation of independent digital media in Venezuela. The outlet she directs, Efecto Cocuyo, was founded at that time.

“But winter has come. Not only because of the funding issue and the end of international philanthropy, but also because the model has reached its expiration date and new experiments are needed,” she said.

In its 2024 Annual Report, “The Captive Press: Terror, Silence, Imprisonment and Exile,” the Venezuelan Press and Society Institute documented that last year alone, 22 journalists were forcibly displaced, 14 press workers were detained, and at least 40 journalists and human rights activists had their passports revoked.

Reyes said that in Venezuela, the regime has bombarded the journalism industry, leaving no room for young and more experienced journalists to mutually enrich each other. Furthermore, the collapse of business models combined with the emergence of technology has been a perfect storm for the sector.

Likewise, Reyes highlights the resilience of Venezuelan journalists, who, despite difficulties, have tried to continue doing journalism through journalistic collaborations and international alliances such as La Hora de Venezuela.

Descielados

Reyes’ investigation revealed that journalists experience different types of grief when they are displaced to other countries: adapting to a new culture, a new language, a different climate and even a different color of the sky.

“In Caracas, in December, the sky is Pantone 300. A beautiful blue that makes anyone who visits Venezuela fall in love with its luminosity,” she said. “That’s why we say that instead of being exiled, we’re descielados (de-skyed). Even though it’s a made-up word, it defines that we’re left without a sky.”

The journalist also highlighted the possibility of replicating this type of investigation among different diasporas. She emphasized that migration is a growing trend and mentioned communities in El Salvador, Guatemala, Honduras and Colombia that have been forced to leave their countries.

Reyes concluded her speech with the following reflection: “If leaving is like getting divorced when you’re in love, I imagine that if I return free, it’s like reuniting with the love of my life. And the love of my life is Venezuela.”


Los periodistas desplazados deben adaptarse a una nueva cultura, idioma, clima e incluso a un color de cielo diferente, dice Luz Mely Reyes de Venezuela

“El exilio es como divorciarte aún estando enamorado”, dijo la periodista venezolana y directora y cofundadora del medio digital Efecto Cocuyo, Luz Mely Reyes, en la sesión de apertura del 18º Coloquio Iberoamericano de Periodismo Digital.

Reyes dijo esta frase citando al periodista venezolano Cesar Miguel Rondón, quien formó parte de su investigación “Te tienes que ir” sobre la situación de los periodistas venezolanos que se han visto obligados a desplazarse forzosamente y vivir en Estados Unidos a partir de 2015.

Para este trabajo, Reyes entrevistó a 10 periodistas: seis mujeres y cuatro hombres con edades entre 30 y 70 años. Todos trabajaban en medios impresos en Venezuela, en la radio, en la televisión o en medios digitales.

Algunos han seguido ejerciendo la profesión, mientras que otros han tenido que realizar otros trabajos fuera del área de la comunicación para sobrevivir. Sin embargo, todos coinciden en que su huida de Venezuela se debe a las restricciones al ejercicio del periodismo en el país, a las violaciones a la libertad de expresión y a las violaciones al derecho de información.

Algunos salieron por demandas judiciales, otros por eliminación de pasaporte, persecución o amenazas físicas.

“A veces la gente cree que el periodista se mueve porque le da la gana”, dijo Reyes. “No, estos periodistas y muchísimos periodistas no nos movemos de nuestros países porque queremos. Nos movemos porque nos dicen ‘te tienes que ir’”.

Aunque le ha costado aceptarlo, Reyes es también una de las más de 7.8 millones de venezolanos que se encuentran viviendo fuera del país, el segundo mayor desplazamiento del mundo.

Y es que los últimos 26 años en Venezuela, según dijo, han sido el libreto usado por el autoritarismo mundial para ir arrinconando al periodismo independiente.

“Entre 2015 y 2016 hubo en Venezuela un movimiento que llamamos la primavera de los medios digitales. Fue hermosísimo”, dijo Reyes haciendo alusión al boom de creación de medios digitales independientes en Venezuela. El medio que ella dirige, Efecto Cocuyo, fue fundado en ese momento.

“Pero el invierno ha llegado. No solamente por el tema de los financiamientos y del cierre de la filantropía internacional, sino que el modelo ha llegado a su momento de caducidad y se requieren hacer nuevos experimentos”, dijo ella.

El Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela en su Reporte anual 2024: “La prensa cautiva: terror, silencio, prisión y exilio” documentó que solo el año pasado 22 periodistas fueron desplazados forzosamente, 14 trabajadores de la prensa fueron detenidos y a al menos 40 periodistas y activistas de derechos humanos les fue anulado su pasaporte.

Según Reyes, en Venezuela, el régimen ha bombardeado a la industria periodística y ya no quedan espacios para que periodistas jóvenes y con mayor experiencia se enriquezcan mutuamente. Además, el quiebre de los modelos de negocio más la irrupción tecnológica ha sido un tormenta perfecta para el sector.

De igual manera, Reyes rescata la resiliencia de los periodistas venezolanos quienes, a pesar de las dificultades, han intentando seguir haciendo periodismo a través de las colaboraciones periodísticas y las alianzas internacionales como La Hora de Venezuela

Descielados

La investigación de Reyes arrojó que los periodistas pasan por distintos tipos de duelos cuando son desplazados a otros países: adaptación a una nueva cultura, a un nuevo idioma, a un clima distinto y hasta a un color de cielo diferente.

“En Caracas, en diciembre, el cielo tiene una tonalidad del Pantone 300. Un azul hermosísimo que hace que todo el que vaya a Venezuela se enamore de esa luminosidad”, dijo. “Por eso decimos que en vez de desterrados somos descielados. Aunque sea una palabra inventada define que nos quedamos sin cielo”.

La periodista también destacó la posibilidad de replicar este tipo de investigaciones en distintas diásporas. Subrayó que la migración es una tendencia en crecimiento y mencionó a comunidades de El Salvador, Guatemala, Honduras y Colombia que han debido abandonar sus países.

Reyes finalizó su intervención con la siguiente reflexión: “si irse es como divorciarse estando enamorado, yo me imagino que si vuelvo en libertad es como cuando uno se reencuentra con el amor de su vida. Y el amor de mi vida es Venezuela”.