Periodismo en Nicaragua y El Salvador: la persistencia de los medios ante la hostilidad de los gobiernos


Este panel fue parte del 13º Coloquio Iberoamericano de Periodismo Digital que tuvo lugar completamente en línea el 25 de julio de 2020. Vea este y otros paneles de ese día aquí.

La democracia y el respeto por los derechos civiles parece ser ese sueño que todavía no se alcanza en Latinoamérica; mientras que el periodismo por su parte sigue en su lucha en el que cree es el “lado correcto de la historia” en contra de poderes abusivos. Con esta reflexión comenzó María Teresa Ronderos, directora de CLIP, la conversación “Periodismo ante gobiernos hostiles: Reportar la crisis democrática en Centroamérica” durante el 13º Coloquio Iberoamericano de Periodismo Digital.

Durante casi una hora, Carlos Fernando Chamorro, director de revista Confidencial de Nicaragua, y Carlos Dada, cofundador de El Faro en El Salvador, hablaron sobre el rol del periodismo en una democracia y cómo seguir ejerciendo ese rol con gobiernos autoritarios y populistas, en medio de ataques, amenazas y hostigamiento.

Para Chamorro, lo que se vive en Nicaragua dejó de ser hace tiempo hostilidad para convertirse en un aplastamiento de la prensa por parte del gobierno. En más de una década en el poder, Daniel Ortega ha “desmontado la democracia progresivamente” para establecer una “dictadura institucional” donde las diferentes libertades, incluida la de expresión, son violadas y la prensa es uno de los “principales blancos de la agresión de la dictadura”, según dijo. En el país hay registros de periodistas asesinados, encarcelados, medios destruidos, medios ocupados por la policía – como la revista Confidencial de Chamorro – y hay además un absoluto control de la información pública.

13º Coloquio Iberoamericano Periodismo ante gobiernos hostiles: Reportar la crisis democrática en Centroamérica
Carlos Dada, María Teresa Ronderos y Carlos Fernando Chamorro durante el 13º Coloquio Iberoamericano de Periodismo Digital.

“En resumen, la relación es absolutamente confrontativa. Para el Estado, la prensa es el enemigo y es importante decir que no hay contrapesos. No hay un Parlamento, no hay una Fiscalía, no hay una Procuraduría de derechos humanos a la que los periodistas o los ciudadanos podamos recurrir”, dijo Chamorro. “Ese es el entorno en el que se hace periodismo en Nicaragua, una situación que se agrava aún más con la centralización extrema de la información cuando estalla la pandemia del COVID-19”.

Y es que estos años bajo el mando de Ortega no han sido fáciles para la prensa crítica. Un periodo que además ha estado marcado por “momentos de profunda soledad”, en los que los periodistas se sentían “predicando en el desierto”, según dijo Chamorro. Sin embargo y a pesar de ese desmontaje institucional que dejó a los periodistas sin ninguna instancia a la cual recurrir, ellos decidieron continuar con el trabajo. “Llegamos a la conclusión que no había ninguna otra forma de resistir [los ataques] que seguir haciendo periodismo y apelando a la confianza, a la relación con nuestras audiencias, tratando también de hacer alianzas con otros sectores”.

Eventualmente, esa relación con las audiencias y su trabajo persistente, está empezando a dar frutos. Los periodistas comenzaron una labor conjunta con la ciudadanía cuando la gente se tomó las calles y grabaron la represión del gobierno en abril de 2018. “El periodismo hace una gran labor de curaduría profesional sobre todo ese proceso y sentí que nosotros comenzamos a cosechar las semillas de credibilidad periodística que habíamos invertido”.

Esa credibilidad que parece llegar por parte de las audiencias, también parece tener efectos en las fuentes. Un ejemplo que dio Chamorro fue cómo Confidencial logró obtener y publicar cifras de las pruebas hechas y los casos confirmados de COVID-19 en el país por parte de fuentes oficiales; fuentes que desde que estalló la crisis han estado bloqueadas y solamente la vicepresidente y primera dama, Rosario Murillo, está autorizada a dar.

“Yo creo que lo más importante ha sido resistir, con persistencia y con perseverancia de que tendrían que venir días mejores”, aseguró Chamorro. “Y creo que en medio del dolor que ha representado esta matanza, […] estamos viviendo días mejores, [creo] que el periodismo en Nicaragua hoy puede decir que tiene futuro y que somos muchos más periodistas independientes hoy de los que habían antes porque muchos medios que estaban cooptados por el régimen y que eran aliados del régimen a la hora de escoger entre la verdad, el elemento básico de la verdad frente a una matanza, escogieron la verdad”.

Ronderos dijo que aunque el caso en El Salvador no llega todavía a la situación de Nicaragua, sí “se sienten pasos de animal grande” para convertirse en un gobierno más autoritario desde que Nayib Bukele llegó al poder hace un año. Y es que es un presidente al que “le gustaría gobernar en esas condiciones de control absoluto”, como resumió Dada.

Para Dada la llegada de Bukele al poder se explica desde la juventud de la vida democrática en los países de Centroamérica. La democracia, según explica Dada, era una aspiración de la población para mejorar las condiciones de vida especialmente después de las guerras civiles. Más allá de la pluralidad política y del rol de la prensa, las condiciones de la gente como tal no cambiaron mucho en términos de seguridad, pobreza u oportunidades para mejorar su calidad de vida, entre otras.

Esta inconformidad mal entendida con la democracia, “abre la puerta para aspirantes autoritarios en América Latina”, como el caso de Bukele en El Salvador, explicó Dada. Sus primeros actos como mandatario fueron “absolutamente antidemocráticos” como lo fue entrar con soldados armados a la Asamblea Legislativa, “algo que no se habían atrevido a hacer ni siquiera los presidentes militares durante la mayor parte del siglo XX”, agregó Dada. Dijo también que el presidente ha desconocido algunas decisiones de la Corte Suprema y que ha declarado enemigo a todo aquel que se oponga a sus decisiones.

“Cuando hablamos de enemigos de sus dictados, la prensa crítica ocupa uno de los primeros lugares”, dijo Dada para quien estos ataques a la libertad de prensa son inéditos desde el fin de la guerra.

Dada, con cifras de la Asociación de Periodistas de El Salvador, dijo que desde que Bukele tomó el poder hace un año en el país se han registrado 61 ataques contra periodistas que incluyen censura – como negar el acceso a conferencias de prensa a medios que le parecen críticos – ataques de desprestigio con campañas enteras como de las que han sido víctima la revista Factum y El Faro, cierre de vías para acceder a información pública, acosos fiscales, y últimamente “[los ataques] se han traslado al terreno de la seguridad física”.

“Hemos sufrido hostigamientos, intercepciones, espionaje, seguimientos en vehículos y en estos últimos 15 días a dos periodistas se les han metido a sus casas para llevarse sólo la computadora”, dijo Dada quien agregó que uno de ellos estaba publicando cifras y modelos matemáticos sobre COVID-19. “Cuando has traspasado esta línea, que no habían traspasado los gobiernos anteriores, la naturaleza oscura y agresiva contra la libertad de prensa de este gobierno empieza a volverse más preocupante”, insistió.

Según Dada, la prensa se ha convertido en ese blanco porque esta “es capaz de rascar y encontrar la escandalosa corrupción” de ese gobierno. Unos ataques que se agravan por la pandemia y la mirada “provincial” que se le está dando en cada país y que evita la atención internacional a estos.

“Si a eso le agregás que están los aeropuertos cerrados y las fronteras cerradas, los ataques hacia la prensa, hacia varios medios de comunicación en El Salvador como está sucediendo ahorita, se vuelven más fáciles para el gobierno de turno porque no tienen esa mirada externa que, al menos en países como los nuestros, antes era más importante”.

En lo que están de acuerdo Chamorro y Dada es en que a pesar de estas difíciles circunstancias es su deber continuar con su trabajo. En algún momento, como lo dijo Chamorro, la siembra dará cosecha. Algo que apoya Dada.

“Yo creo que el rol del periodismo, incluso en un país donde un presidente autoritario y corrupto como este que tiene tanto arrastre popular, es seguir informando a la sociedad de lo que está pasando […] y resistir la tormenta de insultos y de desprestigio que nos llueve todos los días”, dijo Dada. “Pero si de verdad creemos en una democracia; […] los medios de comunicación y periodismo tenemos que insistir en nuestra función en esa democracia, tenemos que promover el debate público, tenemos que seguir informando a la sociedad de este desmantelamiento de nuestra vida democrática y tenemos además que formar a la población en materia democrática porque una democracia tampoco funciona si no hay una ciudadanía informada y mejor formada, es decir, más comprometida con este proceso democrático”.

En ese sentido, Dada recordó que el presidente Bukele al desconocer las decisiones previas de la Corte Suprema señaló que ‘la vida de los salvadoreños no puede depender de cinco personas’ para referirse los cinco magistrados que hacen parte de la Sala de lo Constitucional. Dada, parafraseando a un exmagistrado, dijo que de alguna manera tiene razón: esas cinco personas no serán más que eso si no tienen el apoyo del pueblo. “Mientras la ciudadanía no se vuelque a apoyar los principios de la vida republicana y de la vida democrática, cinco magistrados no serán más que cinco magistrados”, dijo Dada, y de allí la responsabilidad que también cumplen los medios.

A pesar de que el periodismo no puede generar cambios por sí solo, según Chamorro, lo cierto es que el trabajo persistente puede llevar a que otras personas levanten su voz.

“Yo creo que esa soledad de la que hablaba Carlos Fernando [Chamorro], que es una sensación un poco parecida a la que empieza a llegarnos en El Salvador, también parte de otra cosa: el poder amedrenta a todo aquel, a toda voz disidente. Se trata de erradicar la disidencia o al menos a su voz, sobre todo su voz”, dijo Dada. “Pero yo creo que en esa soledad en que Confidencial siguió haciendo su labor, eso también sirvió para envalentonar a otra gente que hoy está sacando la cara en ese proceso de denuncias contra un régimen autoritario”.

Chamorro finalmente habló de la resistencia similar que comparten ciudadanía y periodistas nicaragüenses y venezolanos. Y los llamó a encontrar otros escenarios para vencer la censura – por ejemplo, buscar en las redes sociales el mejor aliado para volver a conectarse con sus audiencias – y evitar que las narrativas autoritarias se impongan.

“La historia que queda al final de cuentas es la historia de verdad, es la historia de resistencia, es la historia de un país que está demandando justicia sin impunidad. Y eso se logrará cuando haya un cambio político democrático y creo que en eso los nicaragüenses y los venezolanos vamos de la mano”, concluyó Chamorro.